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Aumentó la pobreza

13/05/2020 | Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina explica que "en los estratos bajos y en los marginales la pobreza estructural alcanzó niveles del 24% y del 44% respectivamente en 2019, observándose una tendencia creciente desde 2016"



Evolución de la pobreza

   PortalBA-. "En los últimos dos años, aumentó de manera significativa la pobreza por ingresos como consecuencia del efecto de la crisis económica. Esto repercutió en el índice bruto de pobreza multidimensional, alcanzado el punto máximo en la última década" afirman desde el Observatorio de la Deuda Social Argentina.

En el documento "La pobreza como privación más allá de los ingresos (2010-2019)" señalan que "cuando se analiza al interior de este índice, los indicadores de privación en materia de desarrollo humano -fundados en derechos sociales- muestran un comportamiento heterogéneo, con mejoras importantes en algunos indicadores, con incluso un resultado global positivo a lo largo de la década (2010-2019)".

Si bien se observan claros avances en distintos aspectos relacionados con privaciones no monetarias, tales como el acceso a servicios públicos, la calidad de la vivienda y el medio ambiente, "el estancamiento económico, sus efectos sobre los ingresos de los hogares, junto a la inversión insuficiente en materia de desarrollo humano, reflejan la persistencia de altos niveles de privación en materia de alimentación, servicios de salud, inclusión educativa para los jóvenes y seguridad social plena de derechos. Todo ello, en un contexto de marcadas y crecientes desigualdades estructurales". 

El análisis de la pobreza desde esta perspectiva "aporta a la comprensión de su carácter estructural, donde más allá de las fluctuaciones que tienen lugar a nivel de los ingresos, particularmente en los momentos de crisis, se observa una alta proporción de hogares y población que presentan privaciones sociales fundamentales para el desarrollo humano. En este sentido se constituye como un fenómeno relevante el dato de que el 46,3% de la población presenta privaciones en al menos dos dimensiones de derechos, el 37,4% lo está en al menos una dimensión, pero al mismo tiempo es pobre por ingresos, y, por último, el 21,4% es pobre por ingresos y al mismo tiempo en tres o más dimensiones".

La metodología de medición de la pobreza multidimensional que realiza el Observatorio se constituye "a partir del registro, tanto de la situación de los ingresos de los hogares como de las condiciones en que se encuentran en cuanto al cumplimiento efectivo de un conjunto de una serie de aspectos asociados a derechos (acceso a la alimentación y la salud, servicios básicos, vivienda digna, medio ambiente saludable, educación, empleo y seguridad social)".
 
El análisis de la evolución de las distintas dimensiones de derechos revela "una tendencia dispar en la que por una parte se observan mejoras de los aspectos más asociados a la inversión y a distintas instancias de la acción pública, se registra en este sentido entre 2010 y 2019 una mejora sustancial en el acceso a servicios básicos de la vivienda y una evolución favorable en relación con el acceso a una vivienda digna y a un medio ambiente saludable. Sin embargo, por otra parte, se manifiesta un deterioro, claramente marcado a partir de 2016 en las dimensiones alimentación y salud y en el acceso al empleo y la seguridad social, expresión de problemas estructurales ligados de manera más directa a los ciclos económicos".
 
El déficit que se observa "a nivel de hogares en la dimensión alimentación y salud experimentó un
descenso en los primeros años, volviendo a los niveles iniciales y marcando un pico en 2014, se ubicaba en torno al 19% para el año 2015, a partir del año 2016 las condiciones de privación comienzan a incrementarse hasta alcanzar al 26,6% de los hogares en 2019. Esta evolución se explica desde 2016 por las crecientes dificultades para el acceso a medicamentos y a atención médica, a esto se agrega desde 2018 el incremento de la inseguridad alimentaria severa. La dinámica de estos últimos años tuvo lugar en un contexto de fuertes incrementos de los precios de los medicamentos y de los alimentos en el marco de un descenso del consumo en términos generales".

En relación con el acceso a servicios básicos, "se observa una mejora importante a lo largo de todo el período, donde los hogares que presentan privación en esta dimensión pasan de representar del 38% en 2010 al 30% en 2019. Esta dinámica positiva se explica por el mayor acceso por parte de los hogares a los servicios de agua corriente y particularmente del descenso de los hogares con déficit en el acceso a conexión a red cloacal".

La mejora en estas condiciones se explica "por un fuerte proceso de inversión pública cuyos resultados se observan tanto entre los años 2010 y 2014, como también entre 2016-2019. La situación de la vivienda también experimentó mejoras sostenidas a lo largo de todo el período, para el año 2019 poco más de 2 de cada 10 hogares no accedían a una vivienda adecuada tanto por sus materiales, espacio o disponibilidad de servicio sanitario, mientras que al inicio de la serie casi el 29% de los hogares se encontraban en esta situación. Distintos aspectos podrían explicar esta mejora en los indicadores vivienda precaria, hacinamiento y déficit en el servicio sanitario, entre ellos la disponibilidad de créditos para refacción de viviendas, la capacidad de ahorro e inversión de los hogares en alguna etapa del ciclo, como así también los efectos de distintos programas de urbanización, mejoras en las condiciones de las viviendas, etc".
 
En menor medida que otras dimensiones, pero de manera relevante, "las condiciones de los hogares
respecto al acceso a un medio ambiente saludable también registraron una mejora, se observa un descenso en el porcentaje de hogares situados en las cercanías de espejos de agua contaminada, al mismo tiempo también tuvo lugar una evolución positiva en la incidencia de fábricas o industrias contaminantes y basurales en las cercanías de las viviendas.
En la dimensión educación se observa una evolución irregular, donde la proporción de hogares que tienen al menos una persona que no asiste a instituciones educativas formales o presenta rezago educativo se mantiene cercano al 30%, aproximadamente el 12% de la población se encuentra en esta situación. Se observa un importante descenso en la inasistencia en los primeros años de la serie que se mantiene en el tiempo, probablemente por efecto de la condicionalidad de asistencia que presenta la AUH. Por otra parte tras un proceso de incremento del rezago en el nivel medio tras los primeros años, el nivel tendió a estabilizarse en torno al 26%".

En relación con el acceso al empleo pleno y la seguridad social "se observó un deterioro significativo, particularmente a partir de 2016 donde el nivel de hogares que no perciben ingresos provenientes de empleo registrado ni de jubilaciones o pensiones contributivas se incrementó en 5pp. pasando del 25 al 30% del total. Esta dinámica estuvo vinculada principalmente al incremento del desempleo y la precarización laboral, que impactó más fuertemente sobre los sectores más vulnerables. Se destaca a su vez que sobre estos hogares se incrementó la percepción de transferencias de ingresos provenientes de programas sociales, aunque la cobertura está lejos de ser universal para este grupo".

Si se considera la intensidad de la privación en términos de carencias no monetarias a partir de la
cantidad de dimensiones que un hogar/personas presenta en situación de déficit, entre puntas tuvo
lugar un descenso de los déficits en privaciones de derechos para los hogares afectados por la presencia de 1, 2 o 3 carencias. La tendencia al descenso de los hogares con déficit en carencias en derechos sociales a nivel agregado se observa entre los años 2010 y 2014, luego tuvo lugar un amesetamiento hasta el final de la serie.

En 2019 el 65% de los hogares presentaban carencia en al menos una dimensión (3pp. menos que
en 2010), el 44% experimentaban privación en dos o más de los aspectos considerados (2,5pp. menos que en 2010), mientras que el 27,6% se veía afectado en 3 o más de las dimensiones de derechos consideradas (3,2pp. menos que en 2010). 

La población bajo condición de pobreza por ingresos y carencias no monetarias "experimentaron
un importante descenso en el inicio de la serie en el año 2011 para seguir una tendencia levemente ascendente hacia 2015. En 2016 comienza un proceso que con la excepción del año 2017 expresa un fuerte incremento de la pobreza multidimensional que alcanzó al 37,3% de la población en 2019, incrementándose en 7pp. desde 2010".
 
Esta evolución se explica en gran medida "por el deterioro que experimentaron en esta última etapa los ingresos reales de los hogares, como así también el impacto que tuvo en dimensiones clave como el acceso a la alimentación y a la salud y el 
acceso al empleo y la seguridad social. A nivel general estas dinámicas no permiten apreciar mejoras que tuvieron lugar en dimensiones puntuales de manera más o menos sostenida desde el año 2010".

El análisis de las brechas de desigualdad según estrato ocupacional muestra que las personas en hogares cuyo principal aportante de ingresos se encuentra en los estratos ocupacionales más vulnerables trabajador marginal) presentan más de 5 veces más posibilidades de encontrarse en situación de pobreza multidimensional que las que forman parte de hogares de estrato medio. Al mismo tiempo también se destaca que la pobreza multidimensional afectó de manera central a las personas en estratos ocupacional menos integrados desde 2015 para los trabajadores marginales y desde 2016 para estratos bajos pero con mayores niveles de integración (empleos registrados, semicalificados, etc).

El deterioro del ingreso de los hogares se expresó también a partir del incremento en el porcentaje que si bien no presenta vulneraciones en las dimensiones de derechos, reside en hogares con ingresos por debajo de la línea de pobreza, es decir hogares en posiciones de mayor integración que vieron afectadas sus condiciones de vida por las fluctuaciones que tuvieron lugar a nivel de sus ingresos.

La pobreza estructural "asume una tendencia decreciente tras 2010, permaneciendo en niveles cercanos al 14% hasta 2015. A partir de 2016 comienza una etapa en la que experimentó un incremento sostenido (con la excepción del año 2017) llegando al nivel más alto de la serie en 2019, alcanzando a un 21% de la población".

Se observa "una incidencia marginal o muy baja en los estratos medios, sin embargo, en los estratos bajos y en los marginales la pobreza estructural alcanzó niveles del 24% y del 44% respectivamente en 2019, observándose una tendencia creciente desde 2016. El incremento se explica en gran medida por la evolución que experimentó el Conurbano Bonaerense durante esta última etapa".


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