Usted esta en Home / ONG y Fundaciones /

reducir tamaño de letra aumenar tamaño de letra

Casi 6 de cada diez chicos menores de 18 años son pobres

09/06/2020 | La estadística surge del informe â€œCondiciones de vida de las Infancias Pre-pandemia COVID-19”, elaborado por la Universidad Católica Argentina (UCA), en 2019, el 59,5% de los chicos argentinos que vive en zonas urbanas residía en un hogar en situación de pobreza por ingresos. Entre ellos, el 14,8% eran indigentes



Pobreza en menores

   PortalBA-. De acuerdo al último informe de la Universidad, 7,6 millones de niños sufren carencias estructurales, advierten que el flagelo es igual al registrado en 2015, pero menor que en 2010, que marcaba un 63%

En la Argentina, casi 6 de cada 10 chicos menores de 18 años son pobres. Esto se traduce en que 7,6 millones de niños, prácticamente el 59%, no cubre las necesidades básicas como alimentación adecuada, vivienda, educación y asistencia médica.

Los números difieren de los publicados con el INDEC, que calcula que para el segundo semestre del 2016 el 45,8% de los chicos vive en hogares cuyos ingresos están por debajo de línea de pobreza (medido sólo por el ingreso familiar).

Del análisis de los derechos básicos, los números más preocupantes corresponden a los indicadores que miden el acceso a la vivienda y a la salud, donde las privaciones llegan al 25,2% y 22,7%, respectivamente. Luego aparecen las carencias en acceso a la información, un 18,8% y en saneamiento, que marcan un 17,8%. En educación llegan al 15,4 por ciento y un 8,7% no accede a una alimentación adecuada.

Por otro lado, la tasa de jóvenes con privaciones extremas bajó entre 2015 y 2016 del 15,9 al 14,8.

"El Observatorio de la Deuda Social Argentina propone un índice de medición de las privaciones en el espacio de los derechos de los niños y las niñas, y para su cálculo se vale de tres propuestas desarrolladas por la Universidad de Bristol, el Oxford Poverty and Human Development Initiative (OPHI) y la contribución de UNICEF conocida como Multiple Overlapping Deprivation Analysis (MODA)", explicaron en la UCA.

Según el informe “Condiciones de vida de las Infancias Pre-pandemia COVID-19”, elaborado por la Universidad Católica Argentina (UCA), en 2019, el 59,5% de los chicos argentinos que vive en zonas urbanas residía en un hogar en situación de pobreza por ingresos. Entre ellos, el 14,8% eran indigentes.

"Si bien la información que ofrece corresponde a la evolución 2010-2019, y la misma puede resultar desactualizada ante la crisis social y sanitaria actual, es la línea de base con la que podremos realizar comparaciones próximas y evaluaciones en la incidencia de los indicadores de derechos, así como en las brechas de desigualdad social 2019-2020. El informe de referencia ofrece información en el espacio de los derechos a la Alimentación, Salud, Hábitat, Subsistencia, Crianza y socialización, Información, Educación y Trabajo Infantil" explicaron desde el Observatorio.

Informe

Seguidamente, se sintetizan las tendencias en los indicadores durante el 2010-2019 en  la dimensión de derechos: 1) Alimentación; 2) Salud; 3) Hábitat; 4) Subsistencia; 5) Crianza y socialización; 6) Información; 7) Educación; y 8) Protecciones especiales: trabajo infantil.

En la dimensión del derecho a la alimentación es claro que entre 2010 y 2019, se ha producido un empeoramiento de la situación. Son varios los indicadores que permiten ganar confianza en esta tendencia. Por un lado, se advierte un progresivo incremento de la población de niños/as y adolescentes que reciben algún tipo de alimento gratuito en el espacio escolar o comunitario. Se distinguen tres períodos, 2010-2013, 2014-2016, y 2017-2019, en los que va aumentando progresivamente la cobertura. Aunque en el último período se registra un crecimiento muy significativo y se llega a casi un 40% de chicos/as recibiendo ayuda alimentaria a nivel del promedio urbano nacional. Situación que guarda estrecha correlación con el incremento de la inseguridad alimentaria total y severa que es la que afecta de modo directo la ingesta del niño/a (30,5% y 14%, respectivamente en 2019).

En el espacio del derecho a la salud, se advierte un incremento de la población de niños/as y adolescentes que dependen del servicio de salud estatal porque carecen de obra social, mutual o prepaga. Se estima que en 2019 esta población alcanza casi el 56% del total de los niños/as entre 0 y 17 años en la Argentina urbana. Esto constituye un desafío de cobertura muy importante que adquiere un particular sentido en un momento en el que transitamos por una crisis sanitaria global que nos interpela en términos de los recursos con que cuentan las sociedades para dar respuesta.

En este contexto, es auspicioso observar que en los últimos años se registran mejoras en los indicadores de atención de la salud preventiva del niño/a sano y de la salud bucal (aunque el déficit sigue siendo elevado, 19% y 41,9%, respectivamente en 2019).

Los indicadores del espacio del hábitat de vida siguen una tendencia muy estable a lo largo del tiempo pero con algunas mejoras relevantes en el último período como en el déficit de saneamiento y contaminación medio ambiental. Mientras que la calidad de la vivienda y propensión al hacinamiento siguen una tendencia más estancada. En cualquier caso los niveles de déficit siguen siendo muy elevados, en 2019, la contaminación medio ambiental afectaba al 46,9% de los chicos/as, el déficit de saneamiento al 40,1%, la calidad precaria de la vivienda al 23,9% y el hacinamiento al 21,8%. Datos muy relevantes para pensar los tiempos de aislamiento social, y principales medidas de higiene personal que se requieren para la prevención frente al COVID-19.

En la dimensión de la subsistencia la situación de las infancias es muy delicada. La pobreza monetaria se ha incrementado de modo significativo afectando en 2019 a casi un 60%, y con un incremento de la indigencia por ingresos que llegó al 14,8%. Lo cierto es que en los últimos dos años se agudizó de modo muy relevante la crisis socioeconómica y afectó especialmente a los hogares con niños/as. La pobreza de tipo estructural a través del indicador de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) sigue un curso estable con cierta tendencia a la baja, pero todavía afecta a 27,6% de los chicos/as en el país urbano. Todo esto ocurre aun con una protección social a la infancia a través de la Asignación Universal por Hijo (AUH) que ha logrado una cobertura del 41%. En el actual contexto, los hogares beneficiarios de la AUH están recibiendo un Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que se espera compense en parte la no percepción de ingresos laborales de los hogares como efecto inmediato de la medida preventiva frente al COVID-19 de la cuarentena. Asimismo, alrededor de un 70% de estos hogares debería recibir un aporte adicional orientado a la compra de alimentos denominado Tarjeta Alimentar. 

En el espacio de la estimulación emocional e intelectual en el interior de las familias se advierten niveles elevados y constantes de privación. Incluso se advierte una tendencia regresiva en los últimos años en el indicador de festejo de cumpleaños.

Esto es relevante porque por primera en estos indicadores se advierte una clara tendencia que significó un incremento de 7,7 pp. entre 2015 y 2019 en el déficit de cumpleaños en niños/as entre 1 y 12 años, viéndose afectados en el último año casi un 22% de esta población. En el resto de los indicadores se observa estabilidad en niveles por demás preocupantes: carencia de libros (41,9%), déficit de estimulación oral a través de la lectura de cuentos y relato de historias orales (38,1%) y compartir cama o colchón para dormir (23,3%). En el marco de las medidas de aislamiento social es probable que los niños/as más aventajados en términos del clima educativo de sus hogares se vean beneficiados con la mayor disponibilidad parental para estos estímulos emocionales e intelectuales, pero probablemente ello sea más complejo que ocurra en el marco de la vulnerabilidad social y en el actual contexto en el que se experimentan múltiples factores estresores que pueden afectar los vínculos intrafamiliares.

Los estilos de crianza en relación a las formas de enseñar a los chicos/as lo que está mal, se aborda a través de cuatro indicadores. Los mismos siguen una tendencia relativamente estable en el período 2010-2019. No obstante, se llega al 2019 con un 23,9% de niños/as y adolescentes que en sus familias se usa la violencia física como modo de disciplinar, 6,6% la violencia verbal, y de modo mucho más extendido se observan las prácticas de la penitencia y el alza de la voz que afectaron al 71,1% y 67,4%, respectivamente. Mientras que los dos primeros indicadores se presentan con disparidades sociales claramente regresivas para los niños/as más vulnerables, los últimos dos son generalizados y presentan distinciones muy menores. Se conjetura que en estos momentos, de aislamiento obligatorio, algunos de estos métodos de disciplinar se pueden estar profundizando como consecuencia de la crisis socioeconómica y la proliferación de situaciones de malestar psicológico.

El deporte y las artes son áreas del desarrollo humano y social muy relevantes. Algunas infancias tienen la oportunidad de ampliar el espectro de los procesos de socialización más allá de la familia y la escuela. Sin dudas se trata de estructuras de oportunidades muy restrictivas porque a largo de estos años más del 60% de los chicos/as entre 5 y 17 años no realizaba deportes ni actividades físicas extra-escolares y más del 80% no lo hacía en el espacio de las artes (música, teatro, pintura, murga, etc.). Se trata de un importante déficit previo al aislamiento social que probablemente se profundice.

El acceso a la información es un derecho que se puede ejercer en la medida que se cuenta con recursos tecnológicos como una computadora, celular, servicio de internet fijo y/o móvil, por supuesto que el libro también se constituye en un activo importante. Sin embargo, en la Argentina urbana más del 40% de los chicos/as carece de la mayoría de estos recursos en su hogar. Si bien hubo avances significativos en el acceso a computadora y servicio de internet, en los últimos años la tendencia positiva se estancó, e incluso en el caso del acceso a computadora se advierte un quiebre la tendencia. Es claro, que el acceso a la tecnología registra disparidades sociales muy regresivas.

Déficit de recursos que tienen efectos muy significativos en la actual cuarentena donde la continuidad educativa de los chicos/as más aventajados está garantizada justamente a través del acceso a una computadora con servicio de internet fijo, mientras que los chicos/as de los sectores medios bajos y bajos están sorteando el momento con recursos escasos.

El derecho a la educación supone un conjunto amplio de aspectos, uno de ellos es la escolarización que sigue una tendencia positiva a lo largo de estos nueve años observados, tanto en la educación inicial, primaria, y secundaria. No obstante, existen desafíos de escolarización sobre todo en los sectores sociales más vulnerables. Asimismo, es evidente que el derecho a la educación supone la calidad de las ofertas, y los logros en términos de la construcción de conocimiento. 

La medición de la existencia de ofertas como la enseñanza de computación e idioma extranjero en la educación primaria refleja avances dispares según el estrato social de los estudiantes, y pese a los esfuerzos, importantes brechas negativas para los alumnos de las escuelas estatales. La meta de lograr ampliar la jornada escolar en la educación primaria quedó como un desafío inalcanzable.

La propensión al trabajo infantil siguió una tendencia muy positiva entre 2010 y 2017, pero en este año se revierte la tendencia en el marco de la crisis afectando  especialmente a adolescentes de estratos sociales medios. En el último año la tendencia se estabilizó. Lo cierto es que llegamos al 2019 con un 14% de chicos/as entre 5 y 17 años que realizan trabajos domésticos intensivos  y/o trabajo económico en el mercado a nivel del promedio urbano. Existen desigualdades históricas entre grupos de edad y sexo según el tipo de trabajo, y una mayor probabilidad a medida que desciende el estrato social de los hogares.

Existe amplio consenso en torno a que la malnutrición se puede presentar de maneras variadas (retraso en el crecimiento, debilitamiento y sobrepeso).

Malnutrición

Esta no es una problemática ajena al caso argentino donde se estima a partir de la información de la ENNyS se aprecia que 1,7% de los niños/as de 0 a 4 años presentan bajo peso, 1,6% emaciación y 7,9% baja talla. Por otro lado, si se toman indicadores de malnutrición como el sobrepeso y la obesidad, se advierte que 13,6% de los niños/as de 0 a 4 años padecen exceso de peso. Por otra parte, entre la población de 5 a 17 años, el 1,4% reporta delgadez y 3,7% baja talla. En este grupo poblacional, el exceso de peso abarca a 41,1% de los niños/as y adolescentes. Mientras 20,7% tiene sobrepeso, 20,4% presenta obesidad (Ministerio de Salud de la Nación, 2019).

Habitat

Cuando se piensa en el espacio del hábitat y medio ambiente de vida de las infancias y en particular de las que viven en las principales zonas metropolitanas y urbanas del país, es fundamental relativizar las llamadas “ventaja urbana” en relación al acceso a servicios públicos e infraestructura. A nivel de los promedios urbanos se ocultan e invisibilizan problemáticas específicas de los hogares más empobrecidos y segregados espacialmente de las grandes urbes. Por ejemplo, la urbanización no planificada y expansiva ha reducido la proximidad de muchos hogares empobrecidos de sus lugares de trabajo y de los servicios esenciales. Asimismo, la calidad de los servicios en la periferia urbana suele ser deficitarios, y en muchos barrios informales no existe ningún tipo de servicio. Los peligros para el medio ambiente y la salud, como los desechos sin procesar y las aguas residuales, la contaminación y la mala calidad del aire, también aumentan el riesgo de enfermedades.

Además, el contexto en el que crecen los niños/as de la periferia urbana –que carecen de vivienda, saneamiento y transporte adecuados, entre otros factores– sirve para consolidar las desventajas sociales (UNICEF, 2019a).

También, parece relevante considerar el medio ambiente de vida de las infancias en clave del cambio climático. El mismo encarna una sorprendente abdicación de la responsabilidad de una generación hacia la siguiente, violando los principios de equidad intergeneracional. La situación es peor particularmente para los niños/as vulnerables en términos socioeconómicos y en particular para los niños/as migrantes y/o con discapacidades que ven agravanda las múltiples dificultades que enfrentan. 

El cambio climático tiene un impacto desproporcionado en las poblaciones más vulnerables del mundo.
Los niños/as son, a su vez, más propensos a experimentar complicaciones de salud debido al impacto del cambio climático con respecto al acceso a agua limpia, seguridad alimentaria, entre otros aspectos (SaveTheChildren, 2019).

Sin dudas, estas múltiples vulnerabilidades tienen consecuencias en la salud del niño/a. Si bien en Argentina es muy baja la prevalencia de niños/as que carecen de la vacunación al día, es uno de los países del mundo en los que ha reaparecido el sarampión.

Justamente, la reaparición del sarampión es alarmante, y pone de manifiesto la rapidez con la que los avances en materia de supervivencia y desarrollo infantil pueden retroceder. La Organización Mundial de la Salud (OMS) entre enero y septiembre de 2019, registró 420.000 casos provisionales de sarampión y supera con creces los 170.000 casos registrados en el mismo periodo de 2018 (UNICEF, 2019a).

Esto muestra una vez más que la inmunización salva vidas y un derecho de los niños/as que debe hacerse realidad a través de la cooperación, las inversiones y el compromiso nacional e internacional.

En el caso de la Argentina, donde la atención de la salud es pública y gratuita, es fundamental garantizar el acceso sin distinciones. La atención de la salud del niño/a sano supone un conjunto de controles periódicos en relación con la edad del niño/a. Dichas visitas preventivas son esenciales para la detección temprana de enfermedades y para su tratamiento oportuno, al tiempo que contar con las vacunas correspondientes a la edad también representa un indicador relevante en términos de prevención de enfermedades (CEPAL-UNICEF, 2018b).

Así es que en el presente informe, y en particular en este primer apartado, se abordan de modo conjunto aspectos que guardan sinergia y son estratégicos para lograr la sobrevivencia, el sostenimiento de la vida y su desarrollo pleno: el acceso a los alimentos, las condiciones del hábitat de vida y la atención de la salud. Una vez más se ofrece un diagnóstico sobre la situación de las infancias y adolescencias en el país urbano hacia finales del 2019, y evolución de un conjunto amplio de indicadores desde 2010; procurando no perder de vista que las privaciones que experimentan estas poblaciones son profundamente desiguales según estrato socioeconómico y ocupacional de los hogares de origen y las ciudades donde residen.

Atentos a la normativa vigente en Argentina, y los ODS a los que el país adhiere, se realiza seguidamente una evaluación y monitoreo de un amplio sistema de indicadores con el propósito de ofrecer una aproximación al estado de situación de unas las poblaciones más vulnerables, que actualmente sufren violaciones inaceptables a sus derechos y adicionalmente representan el futuro de la sociedad argentina.


reducir tamaño de letra aumentar tamaño de letra Tamaño de letra  Imprimir Enviar noticia