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La desocupación afecta a 1.782.000 argentinos

16/12/2016 | El Observatorio de la Deuda Social, dependiente de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA), informó que la desocupación llegó al 9,9% al cierre del tercer trimestre del año afectando a 1.782.000 personas de los 18 millones de trabajadores. Uno de cada diez argentinos no ha tenido empleo hasta agosto



Deuda social

   PortalBA-. "Durante el último año, las medidas que buscaron resolver desajustes macroeconómicos, a la vez que crear un clima de confianza para lograr una reacción favorable de los mercados, no han tenido la respuesta esperada", advirtió Agustín Salvia responsable del trabajo, para quien "aunque venga una lluvia de inversiones, no habrá derrame hacia los sectores menos dinámicos si no hay políticas activas" del Estado. 

De acuerdo con la Encuesta de la Deuda Social Argentina realizada durante el tercer trimestre de 2016, sólo 41,4% de la población económicamente activa urbana posee un empleo asalariado o no asalariado con calidad plena de derechos laborales, 30,7% un empleo regular pero sin vinculación con la seguridad social, 18% está subocupada en actividades de baja remuneración, alta inestabilidad y/o participan de programas de empleo y 9,9% se encuentra abiertamente desocupados.

Entre 2010 y 2016, la proporción de subempleos inestables paso de 9,7% a 18% de la población económicamente activa. Este fuerte incremento, originado principalmente por las políticas contra cíclicas de generación de trabajos vinculados a un mercado interno de consumo de bajos ingresos y/o a programas de empleo, fue el que compensó el comportamiento de la desocupación (la cual disminuyó de 11,4% a 9,9%) en un contexto de falta de inversión productiva y de ausencia de creación de empleo pleno.

Entre el cuarto trimestre de 2015 y el tercer trimestre de 2016, sin que se hayan registrado cambios relevantes en la tasa de actividad, se confirma una caída del empleo pleno (1,6 pp.), incluso en el empleo precario, teniendo como correlato un aumento en el subempleo inestable y –aunque estadísticamente no significativo- en la tasa de desempleo abierto. En igual sentido, se observa un aumento significativo en el riesgo de desempleo (haber estado desocupado al menos una vez en el último año) (de 24,9% a 27,7%) y la percepción de los ocupados de considerar altamente difícil conseguir un empleo similar en caso de perder su actual trabajo (de 84,5% a 88,1%).

Las retribuciones al trabajo difieren de manera significativa según la calidad del empleo al que acceden los trabajadores. El mayor ingreso medio laboral mensual –en el tercer trimestre de 2016- lo recibían los ocupados con empleo pleno ($ 15.099), en menor medida los que poseen empleo precario ($ 9.426.-) y, por último, los trabajadores con subempleo inestable ($ 3.724.-). El ingreso horario, para estos grupos de trabajadores fue de $ 110,3.-, $ 86,5.- y $ 34,1.-, respectivamente. 

Entre 2010 y 2016 la media de ingresos mensuales disminuyó 7,9% (de $ 11.832.- a $ 10.897.-). Esto se debe, básicamente, al decrecimiento de los ingresos de los trabajadores con subempleo inestable ya que el promedio del resto no presenta variaciones significativas. En 2016, la ampliación de la brecha de ingresos llevo a que los trabajadores con empleo de baja calidad ganaran un 51,5% menos que los de empleo pleno de derechos.

Entre el cuarto trimestre de 2015 y el tercer trimestre de 2016, considerando un aumento en IPC de 34%, se habría registrado un leve aumento –aunque poco significativo- en la media de las remuneraciones de los trabajadores ocupados en los empleos plenos y precarios, aunque esto se habría debido a un cambio en la composición de los ocupados de dichos empleos (caída al subempleo de los segmentos menos calificados). Al mismo tiempo que las remuneraciones medias de los trabajadores ocupados en subempleos inestables volvió a caer de manera significativa, manteniéndose fuertes brechas en la distribución del ingreso laboral.

En 2016, 51,3% de los trabajadores no participan del Sistema de Seguridad Social. Los empleadores no le realizan los aportes jubilatorios a 33,3% de los asalariados y 71,5% de los trabajadores por cuenta propia no realizan aportes. En el mismo año, 34,2% de los trabajadores no cuentan con obra social, prepaga o mutual provista por su trabajo o por el grupo familiar.

Entre 2010 y 2016, la tendencia es significativa en cuanto a un aumento en el porcentaje y cantidad de trabajadores excluidos de la seguridad social (de 47,7% a 51,3%). Esta situación afectó especialmente en los estratos socio-económicos más vulnerables de la estructura social, generándose así una mayor segmentación socio-ocupacional a nivel sistémico. La mayor caída tuvo como fuente el trabajo asalariado, mientras que los trabajos no asalariados mantuvieron casi sin cambios su alto grado de desafiliación.

Entre el cuarto trimestre de 2015 y el tercer trimestre de 2016, se registra una variación neta negativa no significativa en los niveles de no afiliación a la seguridad social (50,6% a 51,3%). Pero esta tendencia estaría expresando dos comportamientos diferentes: un nuevo aumento en el trabajo no registrado entre los asalariados (30,6% a 33,3%) y una caída por parte de trabajadores independientes y/o pequeños empleadores (76,1% a 71,5%).

La persistencia de un amplio sector micro-informal (dueños y asalariados de pequeñas empresas, cuenta propias no profesionales, trabajadores domésticos o familiares), en la estructura productiva constituye uno de los mayores inconvenientes en el mercado de trabajo por sus características de reducido nivel de productividad y retribuciones. En los últimos años este sector incrementó su incidencia, concentrando en el tercer trimestre de 2016 el 52,7% de los trabajadores ocupados.

En términos generales, la población ocupada en puestos precarios o subempleos pasó de 50,6% a 54,1%. En el caso de los asalariados con estos problemas de empleo pasaron de 25,2% a 31,8%, y para los no asalariados de 82,9% a 79,1%. Pero la incidencia del incumplimiento de los derechos laborales es altamente diferencial según el sector de ocupación. En 2016 se encontraban en esta situación 82,9% de los trabajadores del sector micro-informal mientras que sólo 22,9% de los del formal y 9,9% de los ocupados en el sector público.

Esta distribución se modificó levemente entre 2010 y 2016 a favor de los trabajadores del sector público y del segmento informal, mientras que aumentaron los empleos de baja calidad el caso del sector formal. Entre el cuarto trimestre de 2015 y el tercer trimestre de 2016, no se registran cambios significativos en estos indicadores. Ambos comportamientos muestran el carácter estructural de las desigualdades económico-ocupacionales y sociales entre estos segmentos productivos.

Estas desigualdades en la estratificación sectorial del mercado de trabajo se expresan en las remuneraciones totales y horarias reales de los trabajadores según su inserción ocupacional. Entre 2010 y 2016, además de una caída en las remuneraciones reales medias, se evidencia una tendencia significativa negativa en el caso de los ingresos de los trabajadores ocupados en las micro-empresas informales; a la vez que un relativo sostenimiento o mejoramiento entre los trabajadores ocupados en el sector público y el sector privado formal. Aunque también en este caso, los cambios de composición al interior de cada sector podrían estar explicando estas variaciones (sobre todo en el caso del sector público entre 2015 y 2016).

La media de ingresos laborales mensuales se ve afectada por la calidad del empleo y el sector económico-ocupacional. En comparación con el trabajador con empleo pleno, los que poseen empleo de baja calidad reciben 62,4% menos de ingreso promedio si están ocupados en el sector público, 13% menos si pertenecen al sector formal y 45,8% menos si pertenecen al sector micro-informal. Es importante destacar que los trabajadores del sector público con empleo de baja calidad solo representan 1,3% del empleo total (beneficiarios de políticas de empleo con contraprestación y, en menor medida, asalariados encubiertos). Además, 45,5% del total de ocupados pertenece al sector micro-informal, tiene empleo de baja calidad y su promedio de ingresos es de $ 6.332.-, inferior al salario mínimo vital y móvil.

La fuerte segmentación estructural del mercado de trabajo también se confirma al analizar el perfil de los trabajadores con empleo de baja calidad: más de ocho de cada diez pertenecen al sector micro-informal (64,8% son no asalariados y 19,4% son asalariados), uno de cada diez son asalariados del sector privado formal (9,2%) y, mínimamente, son no asalariados del sector privado formal (4,1%) y asalariados del sector público (2,5%). Todos estos porcentajes se refieren al total de trabajadores con empleo de baja calidad (precarios o con subempleo inestable).


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