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Por qué fallan las encuestas

08/08/2017 | Un análisis de Sergio Doval, Director Programa de Estudios de Opinión Pública



Encuestas y candidatos

   PortalBA-. La incertidumbre nos convoca a imaginar el peor escenario posible. Estamos configurados genéticamente de esta manera desde que éramos homo erectus, por eso nuestra insistencia en querer saber “qué va a pasar“: eso nos calma, nos da tranquilidad.

Las encuestas han tomado un cariz de revelación anticipada, las cuales eran útiles para explicar la realidad de una época, pero no lo son para la actualidad. Se han acabado las voces que referencian a un voto anticipado como supimos escuchar años atrás. “Yo voto al radicalismo, no me importa quién se presente“, “no me gusta mucho ese candidato, pero en casa siempre votamos al peronismo“.

La erosión de esa toma de decisiones anticipadas, en Argentina, tiene que ver principalmente con dos factores importantes:

La falta de compromiso ciudadano como consecuencia del descreimiento en las instituciones.
Las nuevas tecnologías de la comunicación que significaron el acceso a múltiples canales de información y toneladas de datos a los que nos entregamos diariamente.

Este segundo punto explica, en muchos casos, la aparición de nuevas expresiones ciudadanas que años atrás hubieran tenido pocas posibilidades de conformarse como una alternativa al poder en un marco democrático normal (se entiende que las revoluciones civiles están fuera de esta lógica).

Los aparatos de los Estados ya no son omnipotentes. Los multimedios tampoco. La gente tiene su voz, aunque afónica y, a veces sin demasiada definición,  decide. Prueba de esto fue la guerra Clarín Vs Kirchnerismo. Los dos tuvieron las herramientas económicas y de poder para lograr sus intenciones. Ambos supieron perder en manos de la voluntad popular.

Si a este escenario agregamos la indefinición del votante hasta el momento del ingreso al cuarto oscuro (un 13,7% declaró en un relevamiento nacional recientemente realizado que elige a quién votar en ese momento), las encuestas, como herramienta para predecir fehacientemente lo que va a pasar, cada vez pierden más posibilidades de “acertar“. También, sobre las nuevas tecnologías de comunicación, se proponen nuevos desafíos para la investigación electoral.

Pensando en las múltiples metodologías existentes lo que ha sucedido es que cada una representa a un electorado específico: ya no están todos unificados en un lugar para que los diseños muestrales sean representativos.

Más allá de la condición del sesgo propio de quién responde una encuesta (¿cuántos conocemos a alguien que responde? Y el que responde no es el mismo perfil que contesta una encuesta de mensaje grabado, una operador telefónico o uno por internet, etc) existe otro problema fundamental: ya es muy difícil encontrar teléfonos fijos en las zonas de bajo nivel socioeconómico; es allí donde reinan los celulares y así sucede en las comunidades más jóvenes.

Pensemos que ahora pueden votar a partir de los 16 años. Ellos no quieren que los invadan. Chatean, escriben, sacan fotos, pero hablan poco. Es por eso que las compañías celulares compiten ahora por el plan de datos y no por los minutos de conversación como sucedía hace algunos años.

Es allí donde las distintas metodologías (IVR, CATI, CAWI, Encuesta Presencial, etc) muestran parte de la foto pero no toda. Parafraseando a un cantante uruguayo: el mundo es más complejo de lo que parece.

Por último, la demanda a la carta del consumidor en su vida diaria se ha convertido también en el proceso de selección de candidatos. Los propios partidos advirtieron eso allá por el ‘90, sin saberlo, y comenzaron con el primer experimento que fue el Frepaso. Hasta el día de la fecha donde no hay presencia de partidos puros, sino de frentes electorales (no de proyecto).

Entonces, ¿quién puede pensar, en este marco tan dinámico y complejo, que una encuesta puede anticipar lo que va a suceder? La forma de explicar el mundo de antes no aplica al mundo de hoy. Nuevas formas de explicarlo (también más complejas pero no menos comprensibles a la vez) deben emerger.

Y mientras tanto, sufrimos la incertidumbre, nos angustiamos y en este mundo ya nadie se anima a anticipar un ganador.

El desafío es aprender a vivir en un mundo de menos certezas, pero más rico en su pluralidad. Y finalmente, quizás terminamos entendiendo que en esta nueva época las soluciones a los problemas no son unívocas, ni estáticas en el tiempo.


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